En esta vida hay gente "buena" pero muy a menudo nos olvidamos de que también hay gente "mala" que intentará aprovecharse de nosotros en cualquier momento. Generalmente su objetivo será nuestro dinero Muchos de los casos que llevan los despachos de abogados surgen después de que el cliente haya depositado su plena confianza en una persona de su cercano entorno y compruebe que le ha traicionado; independientemente del perjuicio económico que tenga que soportar, resulta muy duro sentirse engañado.
Una cosa es "tener confianza" y otra muy distinta "ser confiado" y pesar en "eso no me puede pasar a mi". Las cosas pasan y afectan de distinta forma a las personas que estan preparadas o a las que no han previsto lo que sucedería. El estafador sabe desde el principio cual será el final de la película, la victima será la que se lleve la sorpresa.
Los hay que, para firmar un negocio de millones se "bajan" un contrato por Internet que, obviamente, aunque parezca fiable a primera vista, no está diseñado para responder a su problema particular.
Hay quien entrega un dinero "en mano" y no pide un sencillo "recibí". Si las cosas se tuercen jamás se podrá reclamar con garantías el pago de esa cantidad.
Lo mismo sucede con quien realiza numerosas visitas o llamadas telefónicas para intentar solucionar un problema; luego se da cuenta que no puede demostrar que hiciera esas infructuosas reclamaciones y que el plazo para reclamar ya ha pasado.
Desgraciadamente, el cliente se ve traicionado por su compañía de seguros, su banco y sus clientes, pero también por su amigo, su hermano o incluso sus padres. Basta ver los problemas que surgen por una herencia para comprobar la certeza de la anterior afirmación.
En entornos rurales era costumbre muy habitual transmitir las tierras de uno a otro sin hacer ningún papel, pues todo el pueblo lo sabía. Los problemas aparecen, más pronto o más tarde, cuando se desea dejar en herencia, se quiere hipotecar el terreno, cobrar de un seguro o se desea solicitar una subvención administrativa, en ese momento las gestiones que hay que realizar son mucho mas costosas.
Firmar un simple documento no debe ser una muestra de desconfianza, más bien al contrario, debe verse como una garantía para las dos partes y cuesta muy poco tiempo hacerlo.
La mala información, aunque esté proporcionada por una persona de confianza, nos puede traer preocupacionnes indeseables y también la poca previsión que a veces somos capaces de demostrar, pues nuestra confianza en la estabilidad de una situación actual nos hace ignorar peligros futuros; así, actualmente se constata que hay muchas personas que perciben parte del sueldo "en negro" por realizar horas extras; despues de mucho tiempo en esta situación nos daremos cuenta que se ha cotizado a seguridad social por la cuantía mínima y que, de haber sumado a la cotización lo percibido "en negro", nos hubiera garantizado una pensión digna.
Otro consejo es pedir una segunda opinión porque también, en este mundo en el que vivimos existen profesionales buenos y profesionales malos. Por ejemplo, en temas tales como una operación de cirugía estética, se deberá comparar lo que nos ofrecen varios expertos antes de decidirnos por uno. No solo hay que mirar el precio de los servicios de cada uno, pues tan importante como eso, es fijarse en las revisiones y garantías que nos cubrirán después de la operación.
El dinero fácil no existe. Las personas que todavía creen que es posible conseguirlo son las que habitualmente serán víctimas de una estafa.
No todos los documentos que se firman nos serán favorables. En la misma Pamplona hay quien ofrece 500 euros por "firmar unos papeles". Las personas que lo han hecho han recibido después en su casa un embargo de todos sus bienes, pues la firma implicaba ser responsable de las deudas de una sociedad.
Pese a que los bancos nos recomiendan firmar el reverso de la tarjeta de crédito, personalmente nunca lo hago, pues así estamos permitiendo que el que nos ha robado la tarjeta imite nuestra firma para realiza estafas.
Comprar un producto de segunda mano a un precio realmente bajo nos debe alertar de que pudiera ser robado; adquiriéndolo estaríamos cometiendo un delito castigado con penas de prisión. Las consecuencias pueden ser diversas (en el caso de los inmigrantes, cometer un delito dificulta posteriormente la renovación de su tarjeta de residencia).
La excusa habitual es decir : "es que me obligaron", pero lo cierto es que eso no tiene demasiada validez ante un juez, pues habitualmente es imposible de demostrar la existencia de esas coacciones y casi nadie está obligado a firmar lo que no quiere; este es el caso de la firma en un finiquito en el que el firmante reconoce que las cantidades que le paga la empresa son las correctas.
Por eso, uno de los signos que debemos vigilar para evitar el engaño es observar la actitud de la otra parte; si uno está seguro de que va a cumplir lo prometido, no tendrá problema en avalarlo mediante una garantía bancaria o una fianza, pero si su intención es engañarnos jamás comprometerá su patrimonio y solo nos dará "su palabra" de que cumplirá el contrato.
En el ejemplo anterior, en el que la empresa nos pide que firmemos un "finiquito", no cuesta nada pedir un plazo de 24 horas para consultarlo con un abogado. Si el documento es correcto la empresa no tendrá ningún problema en conceder ese periodo de tiempo para revisarlo, si por el contrario hay algún engaño, la empresa se negará.
¿Podemos confiar en la solvencia económica de la otra parte? Antes de realizar cualquier negocio es fundamental averiguar la posible solvencia de la otra parte, si tiene un domicilio estable o en propiedad, si tiene una nómina. Un timo frecuente es pagar solo unas mensualidades de alquiler y luego dejar de pagar. Con el retraso que tienen los juzgados, pasarán muchos meses e incluso años antes de que podamos expulsar al moroso y, aunque al final confiemos en la Justicia y se gane el juicio, probablemente el estafador sea insolvente y jamás recuperemos nuestro dinero.
Cuando todo lo anterior ya ha sucedido, acudiremos al abogado y será demasiado tarde. Es como pedirle al bombero que además de apagar el fuego nos deje la casa como estaba.
Cuando acechan épocas de crisis, los amigos de lo ajeno abundan y la morosidad se dispara. Son malos tiempos para la "buena gente".
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Una cosa es "tener confianza" y otra muy distinta "ser confiado" y pesar en "eso no me puede pasar a mi". Las cosas pasan y afectan de distinta forma a las personas que estan preparadas o a las que no han previsto lo que sucedería. El estafador sabe desde el principio cual será el final de la película, la victima será la que se lleve la sorpresa.
Los hay que, para firmar un negocio de millones se "bajan" un contrato por Internet que, obviamente, aunque parezca fiable a primera vista, no está diseñado para responder a su problema particular.
Hay quien entrega un dinero "en mano" y no pide un sencillo "recibí". Si las cosas se tuercen jamás se podrá reclamar con garantías el pago de esa cantidad.
Lo mismo sucede con quien realiza numerosas visitas o llamadas telefónicas para intentar solucionar un problema; luego se da cuenta que no puede demostrar que hiciera esas infructuosas reclamaciones y que el plazo para reclamar ya ha pasado.
Desgraciadamente, el cliente se ve traicionado por su compañía de seguros, su banco y sus clientes, pero también por su amigo, su hermano o incluso sus padres. Basta ver los problemas que surgen por una herencia para comprobar la certeza de la anterior afirmación.
En entornos rurales era costumbre muy habitual transmitir las tierras de uno a otro sin hacer ningún papel, pues todo el pueblo lo sabía. Los problemas aparecen, más pronto o más tarde, cuando se desea dejar en herencia, se quiere hipotecar el terreno, cobrar de un seguro o se desea solicitar una subvención administrativa, en ese momento las gestiones que hay que realizar son mucho mas costosas.
Firmar un simple documento no debe ser una muestra de desconfianza, más bien al contrario, debe verse como una garantía para las dos partes y cuesta muy poco tiempo hacerlo.
La mala información, aunque esté proporcionada por una persona de confianza, nos puede traer preocupacionnes indeseables y también la poca previsión que a veces somos capaces de demostrar, pues nuestra confianza en la estabilidad de una situación actual nos hace ignorar peligros futuros; así, actualmente se constata que hay muchas personas que perciben parte del sueldo "en negro" por realizar horas extras; despues de mucho tiempo en esta situación nos daremos cuenta que se ha cotizado a seguridad social por la cuantía mínima y que, de haber sumado a la cotización lo percibido "en negro", nos hubiera garantizado una pensión digna.
Otro consejo es pedir una segunda opinión porque también, en este mundo en el que vivimos existen profesionales buenos y profesionales malos. Por ejemplo, en temas tales como una operación de cirugía estética, se deberá comparar lo que nos ofrecen varios expertos antes de decidirnos por uno. No solo hay que mirar el precio de los servicios de cada uno, pues tan importante como eso, es fijarse en las revisiones y garantías que nos cubrirán después de la operación.
El dinero fácil.
El dinero fácil no existe. Las personas que todavía creen que es posible conseguirlo son las que habitualmente serán víctimas de una estafa.
No todos los documentos que se firman nos serán favorables. En la misma Pamplona hay quien ofrece 500 euros por "firmar unos papeles". Las personas que lo han hecho han recibido después en su casa un embargo de todos sus bienes, pues la firma implicaba ser responsable de las deudas de una sociedad.
Pese a que los bancos nos recomiendan firmar el reverso de la tarjeta de crédito, personalmente nunca lo hago, pues así estamos permitiendo que el que nos ha robado la tarjeta imite nuestra firma para realiza estafas.
Comprar un producto de segunda mano a un precio realmente bajo nos debe alertar de que pudiera ser robado; adquiriéndolo estaríamos cometiendo un delito castigado con penas de prisión. Las consecuencias pueden ser diversas (en el caso de los inmigrantes, cometer un delito dificulta posteriormente la renovación de su tarjeta de residencia).
La excusa habitual es decir : "es que me obligaron", pero lo cierto es que eso no tiene demasiada validez ante un juez, pues habitualmente es imposible de demostrar la existencia de esas coacciones y casi nadie está obligado a firmar lo que no quiere; este es el caso de la firma en un finiquito en el que el firmante reconoce que las cantidades que le paga la empresa son las correctas.
Muy atentos a la otra parte.
Por eso, uno de los signos que debemos vigilar para evitar el engaño es observar la actitud de la otra parte; si uno está seguro de que va a cumplir lo prometido, no tendrá problema en avalarlo mediante una garantía bancaria o una fianza, pero si su intención es engañarnos jamás comprometerá su patrimonio y solo nos dará "su palabra" de que cumplirá el contrato.
En el ejemplo anterior, en el que la empresa nos pide que firmemos un "finiquito", no cuesta nada pedir un plazo de 24 horas para consultarlo con un abogado. Si el documento es correcto la empresa no tendrá ningún problema en conceder ese periodo de tiempo para revisarlo, si por el contrario hay algún engaño, la empresa se negará.
¿Podemos confiar en la solvencia económica de la otra parte? Antes de realizar cualquier negocio es fundamental averiguar la posible solvencia de la otra parte, si tiene un domicilio estable o en propiedad, si tiene una nómina. Un timo frecuente es pagar solo unas mensualidades de alquiler y luego dejar de pagar. Con el retraso que tienen los juzgados, pasarán muchos meses e incluso años antes de que podamos expulsar al moroso y, aunque al final confiemos en la Justicia y se gane el juicio, probablemente el estafador sea insolvente y jamás recuperemos nuestro dinero.
Cuando todo lo anterior ya ha sucedido, acudiremos al abogado y será demasiado tarde. Es como pedirle al bombero que además de apagar el fuego nos deje la casa como estaba.
Cuando acechan épocas de crisis, los amigos de lo ajeno abundan y la morosidad se dispara. Son malos tiempos para la "buena gente".